martes, 22 de mayo de 2012

Viaje de ida (hace ya 3 años)


Tío, las cosas al final no fueron tan diferentes. Podría decirte que estuve ocupado, que ando con mil cosas, que no tengo tiempo, incluso podría reprocharte que no nos veíamos casi nunca, y todo sonaría a excusas pero ahora vos tenés una ventaja, una de esas grandes ventajas sobre los que seguimos siendo de carne y hueso, y es que podés distinguir entre las excusas sinceras y las que intentan disimular un genuino desinterés.
Es por eso que vos sabés más que yo cuáles fueron los motivos por los cuales superé rápido tu viaje, y me gusta creer (de hecho estoy convencido) que si donde estás existe la felicidad y la tristeza, si existe la alegría y el desánimo…vos estás contento de que haya podido seguir adelante recurriendo a todo lo bueno que compartimos juntos. Si hay algo que no hacías era ser egoísta, entonces me parece lógico pensar que no te interesa demasiado que te llore (aunque sabrás que lo hice), que me bloquee, que me paralice, que me angustie, que proteste contra lo irreversible, que grite contra las circunstancias…pudiendo aprovechar esas fuerzas para seguir en la vida, intentar triunfar así sea a los ponchazos y dedicarte tanto éxitos como derrotas. 
Bien sabés que todos los días (me acuerde o no de vos específicamente) le agradezco a esas cosas raras de la vida (no me voy a gastar en pensar si se llaman suerte, casualidad, destino o como sea) haber hecho ese viaje para visitarte después de casi diez años, poco más de un año antes de que vos hicieras el tuyo.

sábado, 19 de mayo de 2012

Me enojaré con la muerte


Me enojaré con la muerte cuando llegue temprana.
Cuando sea impuntual sin retrasarse.
Mientras tanto, cuando llegue en un horario relativamente aceptable (y digo relativamente porque, seamos sinceros, siempre vamos a querer un poco más) la respetaré como a todo aquél que cumple con su deber, aunque no sea de mi agrado.
Como a un policía que nos hace una multa si pasamos en rojo. Como a un profesor que nos reprueba cuando no estudiamos. Como a un réferi que nos cobra la falta cuando perdemos la marca y llegamos tarde. Como a un preceptor que nos pone media falta por llegar cinco minutos tarde.
Pasará y la miraré con recelo pero sin reproches, sin enojos.
No sé si se lleva un pedazo de nosotros o si, por el contrario, lo guarda en un lugar más seguro.
No sé si nos deja sin un guardián, un compañero, o lo ubica mejor para que siempre nos acompañe.
Pero es que cumple con su trabajo, y parece que sabe lo que hace.
En definitiva es quien le da todo sentido a la vida.
Dejémosla actuar, hay pocos trabajadores tan incansables como ella.


sábado, 28 de abril de 2012

A + B


Te escucho y en vos me siento
Te miro y en vos me veo
Te pronuncio y en vos me encuentro
Te vivo y en vos me muero

Te sonrío y me siento vivo
Te observo y me comes crudo
Te aburro y estoy perdido
Te toco y me pongo duro

Te huelo y siento que es poco
Te pienso y en vos me hundo
Te beso y me vuelvo loco
Te amo (nos amamos) y estalla el mundo 

jueves, 15 de marzo de 2012

Subibaja

Un subibaja de emociones
Gobernadas por las pasiones
Que no dan caso a las razones
Y que nunca lo darán

Unas arriba y otras abajo
Hoy así, mañana al contrario
Eso es lo que pasa a diario
¿Y como hacés para frenar?

Primero los pies tocan el suelo
Pronto algo te baja del cielo
Y abajo ya no hay ni consuelo
Sólo te queda aguantar

Para algunos será un juego
Pero para vos es serio
Buscás sentirte pleno
¿Pero quién te va a ayudar?

lunes, 12 de marzo de 2012

Manejaba

Manejaba. Manejaba sin rumbo y con la música bien alto aunque no la escuchaba. Sólo quería un poco de ruido para tapar los pensamientos. No lloraba, pero tenía los ojos con agua hasta el borde. Sentía que el más mínimo pestañeo hubiera desatado el llanto. La radio no siempre lo mantenía distraído y a salvo. El locutor y sus anuncios no tenían la misma intensidad de la música y los pensamientos estaban ahí, esperando cada oportunidad, y se filtraban. Se filtraban como se filtra el viento por una mínima hendija abierta de una ventana, constante y haciendo ruido. El ruido lo hacían todo dentro de su cabeza. Y no era ruido sino más bien frases. Sobretodo frases de ella: que dónde había quedado su orgullo, que le causaba gracia… Se sintió muy poco respetado después de repasar esas frases. ¡Cuantas ganas de gritarle que ella tenía su orgullo! Recordarle que se lo había entregado a ella y hace mucho. Él, en todo caso, le preguntaría a ella dónde estaba, dónde se lo había guardado. La sintió desmemoriada e injusta, y eso le dolió más que nada. Por eso manejaba. Manejaba como quien intenta escapar pero sabía muy bien que no tenía sentido. Todo lo que le hacía mal viajaba con él, como lejos, en el asiento del acompañante. Por más que quisiera (aunque vale la pena dejar en claro que NO quería) le resultaba imposible abrir la puerta y empujarlo, tirarlo en movimiento y ahí sí, pisar el acelerador dejándolo todo lo más atrás posible, tratando incluso de no mirar ni siquiera por el espejo retrovisor. Pero no, eso no hubiera sido justo de su parte, y él no devuelve con la misma moneda. Siempre la respetó e iba a hacerlo hasta las últimas consecuencias. A ella y a cualquier pensamiento que la incluyera. Aunque así tuviera que absorber él solo la mayor parte del daño. “No importa”, pensó. “Así siento la vida y no voy a traicionarme”. Y así seguía manejando. Frenó un momento y pidió ayuda. No se la dieron. Tampoco hubiera sabido qué clase de ayuda pedir. Quizá un corazón que lo salve o quizá era solo la necesidad de alguien que lo escuche o de alguien que le hablara. Sea como sea, no lo encontró. Así que finalmente y muy a su pesar decidió su rumbo: volver a casa. Manejó y manejó, porque después de tanto estaba algo lejos. Llegó, estacionó el auto en su parcela de la cochera, apago el motor y después lo más difícil: apagó la música, no sin antes suspirar. Sabía que a partir de ese momento empezaba una dura lucha contra todo lo que sentía, contra tanto recuerdo. Una dura lucha que no sabe cuándo va a terminar, suponiendo que termine. Una dura lucha de la cual no sabe cómo va a quedar, suponiendo que quede algo de él. Una dura lucha que ni siquiera puede luchar sino que tiene que dejarse ganar, suponiendo que pueda hacerlo. Porque eso es lo que más le cuesta: darse por vencido.

martes, 6 de marzo de 2012

A dos aguas

Cae la lluvia sobre el techo a dos aguas. Que a este punto no son dos sino tantas como las gotas que se posan. A veces uniéndose por el camino y otras separándose. Claro, también están esas que llegan juntas hasta el final y emprenden también juntas el viaje hacia la canaleta. Pero lógicamente están las que llegan solas y saltan más lentas, son más livianas y eso las detiene, parecen algo atemorizadas. No hay tiempo para preguntar si es el camino correcto y no es lindo equivocarse sin nadie que te acompañe en el error, imagino que a eso se debe la duda.
Pero entonces, ¿qué pasa con esas que se quedan en el camino? ¿Se rindieron o el relieve de la vida las obligó a rendirse? ¿Puede uno rendirse? Perdón, las gotas, ¿pueden las gotas rendirse?, eso quise decir. ¿Puede alguien juzgarlas si se rinden? Si se secan, si se hacen tan chiquitas dejando parte de ellas en el camino que ellas mismas dejan de ser perceptibles, si van dejándoles parte a otras gotas porque las quieren, las aprecian, quieren lo mejor para ellas pero de repente se dan cuenta que les dejaron tanto, se desprendieron de tanto y las otras gotas se lo llevaron. Les queda poco, están debilitadas y sin muchas esperanzas para recuperar toda esa vida que tenían. ¿No pueden rendirse?
No, no pueden rendirse.
Siempre aparece otra gota para llenarlas y re-llenarlas de agua, y el agua es vida.

lunes, 30 de enero de 2012

I don't wanna want to

The things I don’t want to hear remember me some things I don’t wanna know.
The things I don’t want to say remember me some things I don’t wanna think.
The photos I don’t want to see remember me some moments I don’t wanna learn about.
Moreover…these are the things I don’t want to write…they remember me some things I don’t wanna feel…