La cultura. ¿Qué sería de nosotros sin la cultura? O más aun…¿Qué sería de la cultura sin nosotros? Si respondo la primera te digo que posiblemente muy poco y si respondo la segunda por definición te digo que nada en absoluto, claro. Repasando, la cultura es esencial e indispensable en todos y cada uno de sus aspectos. Disfrazada o maquillada como más le guste siempre y en todos lados está la cultura y la hay de la buena y de la mala (como todo en esta vida).
Y hasta ahí es donde todo va bien, o al menos lo va para mí. Pero…hablemos de lo que pasa cuando la cultura nos perjudica, o no sé si perjudica pero al menos nos limita.
¿Qué pasa cuando la cultura de la familia hace que los hijos de los judíos sean judíos y los hijos de los cristianos sean cristianos (generalizando y hablando de la gran mayoría de casos, claro)? ¿Cómo podemos saber o estar realmente seguros de que esas personas siguen sus convicciones y no están simplemente adoptando lo que les fue transmitido? Y me concentro en la religión porque creo que es uno de los aspectos en donde más fuerte se ven las convicciones y las creencias de uno, pro podríamos estar hablando de cualquiera de entre muchos otros temas.
Ni siquiera les hablo de esos padres o familias que no dejan al resto pensar como les parezca e imponen sus pensamientos y creencias. No, no, estoy hablando de ese acuerdo tácito en el que, por comodidad o lo que sea, aquella persona que está recibiendo una cultura la adopta y la acepta como “lo verdadero” o “lo correcto” sin mayores cuestionamientos. Me preocupa ese poco cuestionamiento. Hay quienes lo ejercen, sin dudas, pero creo que hablamos de ciertas minorías. Considero que nadie puede estar completamente seguro de que lo que quiere ES lo que quiere, de que lo que cree ES lo que cree o de que lo que piensa SEA lo que piensa, sin replanteárselo con cierta frecuencia o al menos una vez en la vida. Sólo como para poder estar realmente seguros de que son NUESTRAS elecciones.