jueves, 15 de marzo de 2012

Subibaja

Un subibaja de emociones
Gobernadas por las pasiones
Que no dan caso a las razones
Y que nunca lo darán

Unas arriba y otras abajo
Hoy así, mañana al contrario
Eso es lo que pasa a diario
¿Y como hacés para frenar?

Primero los pies tocan el suelo
Pronto algo te baja del cielo
Y abajo ya no hay ni consuelo
Sólo te queda aguantar

Para algunos será un juego
Pero para vos es serio
Buscás sentirte pleno
¿Pero quién te va a ayudar?

lunes, 12 de marzo de 2012

Manejaba

Manejaba. Manejaba sin rumbo y con la música bien alto aunque no la escuchaba. Sólo quería un poco de ruido para tapar los pensamientos. No lloraba, pero tenía los ojos con agua hasta el borde. Sentía que el más mínimo pestañeo hubiera desatado el llanto. La radio no siempre lo mantenía distraído y a salvo. El locutor y sus anuncios no tenían la misma intensidad de la música y los pensamientos estaban ahí, esperando cada oportunidad, y se filtraban. Se filtraban como se filtra el viento por una mínima hendija abierta de una ventana, constante y haciendo ruido. El ruido lo hacían todo dentro de su cabeza. Y no era ruido sino más bien frases. Sobretodo frases de ella: que dónde había quedado su orgullo, que le causaba gracia… Se sintió muy poco respetado después de repasar esas frases. ¡Cuantas ganas de gritarle que ella tenía su orgullo! Recordarle que se lo había entregado a ella y hace mucho. Él, en todo caso, le preguntaría a ella dónde estaba, dónde se lo había guardado. La sintió desmemoriada e injusta, y eso le dolió más que nada. Por eso manejaba. Manejaba como quien intenta escapar pero sabía muy bien que no tenía sentido. Todo lo que le hacía mal viajaba con él, como lejos, en el asiento del acompañante. Por más que quisiera (aunque vale la pena dejar en claro que NO quería) le resultaba imposible abrir la puerta y empujarlo, tirarlo en movimiento y ahí sí, pisar el acelerador dejándolo todo lo más atrás posible, tratando incluso de no mirar ni siquiera por el espejo retrovisor. Pero no, eso no hubiera sido justo de su parte, y él no devuelve con la misma moneda. Siempre la respetó e iba a hacerlo hasta las últimas consecuencias. A ella y a cualquier pensamiento que la incluyera. Aunque así tuviera que absorber él solo la mayor parte del daño. “No importa”, pensó. “Así siento la vida y no voy a traicionarme”. Y así seguía manejando. Frenó un momento y pidió ayuda. No se la dieron. Tampoco hubiera sabido qué clase de ayuda pedir. Quizá un corazón que lo salve o quizá era solo la necesidad de alguien que lo escuche o de alguien que le hablara. Sea como sea, no lo encontró. Así que finalmente y muy a su pesar decidió su rumbo: volver a casa. Manejó y manejó, porque después de tanto estaba algo lejos. Llegó, estacionó el auto en su parcela de la cochera, apago el motor y después lo más difícil: apagó la música, no sin antes suspirar. Sabía que a partir de ese momento empezaba una dura lucha contra todo lo que sentía, contra tanto recuerdo. Una dura lucha que no sabe cuándo va a terminar, suponiendo que termine. Una dura lucha de la cual no sabe cómo va a quedar, suponiendo que quede algo de él. Una dura lucha que ni siquiera puede luchar sino que tiene que dejarse ganar, suponiendo que pueda hacerlo. Porque eso es lo que más le cuesta: darse por vencido.

martes, 6 de marzo de 2012

A dos aguas

Cae la lluvia sobre el techo a dos aguas. Que a este punto no son dos sino tantas como las gotas que se posan. A veces uniéndose por el camino y otras separándose. Claro, también están esas que llegan juntas hasta el final y emprenden también juntas el viaje hacia la canaleta. Pero lógicamente están las que llegan solas y saltan más lentas, son más livianas y eso las detiene, parecen algo atemorizadas. No hay tiempo para preguntar si es el camino correcto y no es lindo equivocarse sin nadie que te acompañe en el error, imagino que a eso se debe la duda.
Pero entonces, ¿qué pasa con esas que se quedan en el camino? ¿Se rindieron o el relieve de la vida las obligó a rendirse? ¿Puede uno rendirse? Perdón, las gotas, ¿pueden las gotas rendirse?, eso quise decir. ¿Puede alguien juzgarlas si se rinden? Si se secan, si se hacen tan chiquitas dejando parte de ellas en el camino que ellas mismas dejan de ser perceptibles, si van dejándoles parte a otras gotas porque las quieren, las aprecian, quieren lo mejor para ellas pero de repente se dan cuenta que les dejaron tanto, se desprendieron de tanto y las otras gotas se lo llevaron. Les queda poco, están debilitadas y sin muchas esperanzas para recuperar toda esa vida que tenían. ¿No pueden rendirse?
No, no pueden rendirse.
Siempre aparece otra gota para llenarlas y re-llenarlas de agua, y el agua es vida.