Tío, las cosas al final no fueron tan
diferentes. Podría decirte que estuve ocupado, que ando con mil cosas, que no
tengo tiempo, incluso podría reprocharte que no nos veíamos casi nunca, y todo
sonaría a excusas pero ahora vos tenés una ventaja, una de esas grandes
ventajas sobre los que seguimos siendo de carne y hueso, y es que podés
distinguir entre las excusas sinceras y las que intentan disimular un genuino
desinterés.
Es por eso que vos sabés más que yo cuáles
fueron los motivos por los cuales superé rápido tu viaje, y me gusta creer (de hecho
estoy convencido) que si donde estás existe la felicidad y la tristeza, si
existe la alegría y el desánimo…vos estás contento de que haya podido seguir
adelante recurriendo a todo lo bueno que compartimos juntos. Si hay algo que no
hacías era ser egoísta, entonces me parece lógico pensar que no te interesa
demasiado que te llore (aunque sabrás que lo hice), que me bloquee, que me
paralice, que me angustie, que proteste contra lo irreversible, que grite
contra las circunstancias…pudiendo aprovechar esas fuerzas para seguir en la
vida, intentar triunfar así sea a los ponchazos y dedicarte tanto éxitos como
derrotas.
Bien sabés que todos los días (me acuerde o no de vos
específicamente) le agradezco a esas cosas raras de la vida (no me voy a gastar
en pensar si se llaman suerte, casualidad, destino o como sea) haber hecho ese
viaje para visitarte después de casi diez años, poco más de un año antes de que
vos hicieras el tuyo.